No hace muchos años que corro. Siempre he practicado algún deporte, pero lo que se dice correr... creo que desde 2007. A fecha de hoy (mayo de 2011) he corrido tres maratones, cinco o seis medias y algunas populares, todo por asfalto. En febrero de este año descubrí algo nuevo: correr por la montaña. Me apunté a una carrera que se organiza en el pueblo en el que he gastado los veranos de mi infancia y en el que todavía conservo bastantes amistades. El pueblo es La Llacuna. Sigo acudiendo allí dos o tres veces al año.
Vi que en Febrero de 2010 se había organizado una carrera, "la Botifarunner", de unos 21 km (935 m. desnivel+) y que pasaba por caminos, entre pinos, por los que toda mi vida he paseado.
Estábamos en abril de 2010. Viendo las fotos de la carrera, el ambiente popular, la ruta por la que transcurría la carrera... me dije que al año siguiente la correría. Ese verano aproveché para entrenar por el pirineo, cuesta arriba y cuesta abajo, y cuando iba a La Llacuna salía a correr siguiendo la ruta de la carrera. Me registré el primer día en que se podía hacerlo. Era su tercera edición, y en dos días se terminaron los 250 dorsales que salieron. Esto prometía... En Enero de 2011 me estaba entranando para la maratón de Barcelona. Estaba bastante en forma, ya que la maratón era en Marzo. A principios de enero comenté a mi compañero de Maratón, Juan, que estaba ilusionadísimo con la que iba a ser mi primera carrera de montaña, en tres semanas. Juan me dijo con buen criterio, que vigilara mucho, no fuera a fastidiarme un tobillo a dos semanas de la Maratón. En el fondo me hacía mucha más ilusión la Botifarunner que la Maratón. Maratones ya había corrido, y lo de La Llacuna... hacía meses que la tenía en mente, que le tenía ganas.

Llegó el gran día. El sábado por la tarde entré en el bar del pueblo y fui recibido con una gran ovación por parte de mis amigos. Es bastánte típico que te reciban así, y más después de una calçotada. Me dijeron que confiaban en mi para quedar entre los tres primeros, que si estaba loco de correr esos 21 km y casi 1000 metros de desnivel, que si... en fin. Empecé a meterme en harina.
Al día siguiente, después de una noche algo lluviosa, me calcé las zapas que me habían traido los reyes magos (unas asics gel-fuji) y me fui a la plaza mayor a buscar el dorsal. Ambiente frío en lo meteorológico, y cálido en lo relativo a la carrera. Un montón de conocidos entregando dorsales, preparando las butifarras que se dan cuando acaba la carrera, repartíéndose los puntos de control a lo largo del recorrido... Y llegó la hora. Allí no se da el pistoletazo de salida. Fue una traca digna de las fallas de Valencia que dejó la plaza llena de humo y a 250 corredores en marcha.
El primer tramo era prácticamente bajada y llano, con lo que me dejé llevar. Demasiado rápido seguramente, por que llegué a la primera cuesta (una gran cuesta) algo tocado. De repente y con asombro vi que mucha gente se cogía las manos por detrás de la espalda, o las apoyaba en las rodillas, miraba al suelo y empezaba a andar. Como yo estaba algo cansado, y por mimetismo, hice lo mismo. Después corrían, yo lo mismo, otra vez andando... No entendía nada. Creía que las carreras de montaña eran como todas, aunque más lentas. Que uno no pudiera seguir el ritmo y andara... se entiende, como en cualquier carrera. Pero que en el km 3 muchos corredores anden... Luego llego una parte recta (esas se corren normal) y posteriormente la primera gran bajada, entre pinos, camino estrecho con piedras, y casi en fila india. Allí también aprendí algo. Mientras yo tiraba de cuadricepsa y pasos cortos para no acelerarme, la gente se tiraba "a lo loco". Brazos entreabiertos para mantener el equilibrio, y BANZAAAAAIIII!!! Pues yo lo mismo. A SACOOOOOO!!! El resto de la carrera os lo podéis imaginar: subida, bajada, ando, corro, trepo, salto... y dos hora y quince minutos después entro en linea de meta. Que sensación. Nada que ver con las monótonas carreras por asfalto. Después de la carrera, bebida, bocata de butifarra de La Llacuna, mi familia y mis amigos recordándome lo loco que estoy... y lo mejor: me dieron un trofeo por ser el participante que había venido de más lejos (Zaragoza). Así da gusto empezar en el mundo de las carreras de montaña.

Dos semanas después corrí la maraton de Barcelona. 3 horas 41 minutos. Fue espectacular por el ambiente y el recorrido. Pero creo que me quedo con la Botifarunner, con la sensación de correr entre pinos, por caminos, saltando rocas, pisando charcos... Es otro rollo, y creo que me estoy aficionando.
CAT: L'any que ve m'apunto, m'has fet venir ganes de provar-ho.
ResponderEliminarESP: El año que viene me apunto, me has hecho venir ganas de probarlo ;-)
(CAT: passo a ESP pels meus lectors d'Aragó :)
ResponderEliminarallí te espero Joel. Hay tiempo de sobras para prepararla, y lo bueno es que si no se termina creo que también dan bocata de butifarra. Entrenaremos juntos